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Red de Cultura Popular Andina y Latinoamericana de TAKILLAKTA

Volando alto, Damaris

· 20 mayo 2008, 13:57 por Chino Becerra en ,

Tras ganar dos gaviotas en Viña del Mar, Damaris se transformó en la voz cantante de la cumbre internacional realizada esta semana, y hoy nos sigue deslumbrando con su talento y gracia.

Por: Patricia Velásquez


Su nombre significa ‘mujer de casa’, pero ella dice que la ‘caza’ va más con su personalidad. No se equivoca: Damaris Mallma Porras (o simplemente Damaris) es la guapa huancaína que se fue a cazar al Monstruo de la Quinta Vergara, dejó a medio Sudamérica bailando su tema “Tukuy Kunsun” y regresó con el público rendido a sus pies y con dos gaviotas de plata como testimonio de su talento.

Desde entonces no se detuvo. Entrevistas, contratos y presentaciones llegaron en fila india. Y cuando aún estaba asimilándolos, una llamada de la esposa del primer ministro Jorge del Castillo la cogió por sorpresa. “Ella me llamó para felicitarme por mi triunfo en Viña del Mar y me propuso utilizar mi canción como himno de la Cumbre (ALC-UE)”, recuerda. La cantautora aceptó enseguida y, tras ser presentada por el premier y el canciller de la República, esta semana ofreció un concierto memorable ante la prensa extranjera. ¿Cansada? No, aún no. Después de todo, ella tiene solo 22 años.

PISANDO TIERRA

“Cuando regresé a Lima después del festival todos me preguntaban qué seguía. Por aquel entonces no sentía la pegada y respondía muy tranquila. Recién ahora siento que mi vida se ha agitado y no tengo descanso”, reflexiona Damaris. A pesar del trajín, esta simpática artista no ha perdido el entusiasmo y la energía que se hizo evidente cuando la vimos cantar, tocar y saltar –todo al mismo tiempo– durante los tres días que duró el Festival de Viña del Mar. “Das un gran paso donde también las exigencias son más fuertes y todo tiene que estar bien”, asegura. “Esto ya se ha convertido en un trabajo real. Antes lo llevaba con mi carrera, más tranquila. Ahora necesito un equipo. De alguna manera me he vuelto una empresa”, dice risueña.

En ese empeño, su familia se ha convertido en su mejor aliada. Su prima hermana es su relacionista pública; su tío, su asistente de producción; y su madre, en “la razón”, su más grande consejera. La elección no es gratuita: ella –una reconocida cantante vernacular ayacuchana, conocida como Saywa– es la principal responsable de su amor por la música, el folclore andino, el idioma quechua y el arte en general. “Ella me inculcó la música porque la creía necesaria para la formación de un niño”, nos cuenta. Así aprendió a tocar el charango, la guitarra y otros instrumentos, además de cantar y componer. Hoy, la niña que llegó de Huancayo a la capital es parte de un grupo de reconocidos músicos que, como Miki González o Lucho Quequezana, apuestan por la fusión de ritmos e instrumentos peruanos con otros más modernos, como el rock.

VIDA DE GITANA

Como tantos otros provincianos que buscan un mejor futuro para sus hijos, la madre de Damaris llegó a Lima con su pequeña a fines de los años ochenta. La niña tenía solo cinco años. “Vivíamos como gitanas: del Callao hasta Ate, pasando por San Juan de Lurigancho”, recuerda con una sonrisa hoy, sentada en un sofá del departamento miraflorino en el que vive con sus padres y hermanos.

“A veces prefiero el campo y a veces la ciudad. Todo depende de mi estado de ánimo. ¡Ahora me encantan el ruido y el claxon de los carros!”, afirma esta actriz profesional. Perdón ¿no era cantante? También. En diciembre del año pasado, Damaris terminó la carrera de actuación en la Universidad Católica. Quizá por ello, sus presentaciones tienen esa particular fuerza dramática. Sin embargo, para ella ver su primera presentación en Viña fue casi un viacrucis. “¡Me pareció espantoso! Hubo varias cositas que la gente no se dio cuenta, pero que me chocaron bastante porque yo sabía cuánto me había preparado”, dice. “Por eso, la segunda (presentación) fue más fría, y la tercera, una mezcla de ambas: emoción con razón”.

BAILANDO, CAMBIANDO

Aunque es centrada y madura, los ojos le brillan como a una chiquilla cuando nos cuenta que alcanzó a ver en Viña a una de sus cantantes favoritas, Nelly Furtado. “¡La vi probando sonido!”, dice sonriente. “Hubiera querido darle mi disco”, cuenta un poquito más seria, “esa es la carta de presentación de los artistas, porque no quieres que te conozcan a ti, sino a tu arte”. Con dos discos en su haber, Damaris ignora si su estilo musical siempre irá por el mismo rumbo: “Yo creo que el ser humano está en constante cambio. Para mí, el arte es la expresión del alma. No creo que sea para siempre lo mismo. Tampoco creo que deje el folclore, porque es parte de mí y va a aflorar en algún momento, pero me gusta proponer siempre cosas nuevas”.

Y en eso anda: creando y alimentándose de todo lo que escucha, siente y ve. ¿Y qué hay del amor? Por ahora no hay tiempo, asegura Damaris, y espera pronto poder sentarse a replantear su carrera y asimilar con más calma todo lo que le ha pasado. Sin embargo, eso no significa que no tenga planes. Entre los inmediatos está lanzar el video de “Tukuy Kunsun”, producido por Percy Céspedes, y darse un tiempito para apoyar a su madre en la producción de su nuevo disco.

“Yo creo que va a llegar un límite de estar en el escenario. Por eso me gustaría ser productora musical, me imagino que a los 50 años”, especula. “Aunque pensándolo bien, Madonna ya tiene más o menos esa edad y sigue dándole. ¡Esa mujer es increíble! Va a llegar hasta los 60 en el escenario. Si ella puede, ¿por qué yo no?”, expresa.

Al final del encuentro Damaris sacó las gaviotas. ¿Las tenía en una urna bajo siete llaves? Pues no. Ella las guarda en un rinconcito de su casa y están siempre a la mano, quizá para recordar que, con alas así, se puede volar más alto.
fuente: La Repùblica Perù

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