El fenómeno Yma Sumac
Fuera de nota.
Ángel Páez
En 1958, Yma Sumac era un verdadero ídolo admirado por el mundo. Ese año el escritor y musicólogo cubano Alejo Carpentier, impulsado por la excepcional publicidad que recibía la peruana, la fue a ver en un concierto en París. “Cuando el público acude a conocer el portento, piensa en todo menos en la música que va a cantar Yma Sumac”, escribió: “Casi no sabe si debe aplaudir a una mujer que canta, o a un fenómeno”. Y añadió: “Una vez oídos los dos primeros ‘números’ de un programa suyo, ya puede retirarse el espectador. Está enterado de todo. Ninguna sorpresa le espera, fuera de los cambios de trajes”.
Carpentier creía que Zoila Chávarri del Castillo hizo de su voz una atracción de circo en lugar de entregarse al arte culto. “Para ella, en vez de constituir una inapreciable riqueza, la posesión de una voz excepcional se ha vuelto una limitación, un obstáculo, una rémora, vedándole los caminos de la verdadera música, de la universal, de la eterna. En vez de llamarse Mozart, Schubert, Schumann o Brahms, sus compositores todos se llaman Moisés Vivanco”, su marido.
Es verdad que prefirió el trato de fenómeno y que desechó la posibilidad de que autores de nota escribieran para su voz. Por eso cultivó la mentira de que era descendiente de Atahualpa, que cantaba como las vírgenes del Sol y que provenía de una tradición de sacerdotisas del Imperio Inca. Amaba el folclorismo.
Y tenía un buen olfato comercial. Al año siguiente de la crónica de Alejo Carpentier, Yma Sumac publicó uno de sus álbumes más populares, Mambo! (1959), un conjunto de 11 temas compuestos por Vivanco para insertarse en el baile de moda que impuso Dámaso Pérez Prado. Luego volvió a la música de inspiración andina. Nunca cambió. Carpentier auguró otro futuro si decidía dar el salto: “Será una verdadera cantante y no un simple objeto de exhibición. Será una artista, y dejará de ser considerada como un mero fenómeno. Dará recitales verdaderos, y no será ya la discutida atracción de un show”. Pero Yma Sumac prefirió ser un fenómeno. Cuando retornó al Perú en 2006, comprobó que lo seguía siendo. Así prefieren recordarla los que la admiran. Amén.
La Republica

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