Los mil caminos de Damaris
Folclor| Fusión .
Por Nilton Torres V.
Foto: Claudia Alva
La Republica
“Quiero soñar y no, no me pidas que calle; quiero creer que sí, sí hay más de un camino…”
Vestida con botas, pantalón y blusa de color negro, Damaris tiene el look de una roquera veinteañera. El mismo que hace juego con su guitarra Epiphone perteneciente a una edición limitada que se hizo hace unos años, al conmemorarse el 30 aniversario de la aparición de la legendaria banda de los setenta Lynyrd Skynyrd.
Fue precisamente con esa guitarra que conquistó al monstruo de la Quinta Vergara en febrero de este año, cuando participó en la 49 edición del Festival de Viña del Mar, ganando dos preciadas Gaviotas de Plata a la mejor canción de música folclórica con “Tusuy Kusun”, un vibrante carnaval andino fusionado con ritmos afroperuanos y cantado íntegramente en quechua. Y fue esta misma canción la que meses más tarde se convirtió en el himno de la cumbre presidencial América Latina el Caribe y la Unión Europea (ALC-UE).
Damaris Mallma Porras es una de las más jóvenes exponentes del folclore andino, pero en una variante moderna, contemporánea, y que se ubica en un maravilloso limbo musical. A decir de la propia compositora e intérprete, la música que ella hace es simplemente diferente.
“Para los puristas de la música andina lo que hago no es cien por ciento folclore, pero tampoco llega a ser pop o balada, como les parece a otros”, dice Damaris. Y es que esta joven de 22 años, hija de la reconocida cantante ayacuchana Saywa –Victoria Porras–, creció escuchando al Picaflor de los Andes, a Flor Pucarina, Wayanay y Savia Andina, al mismo tiempo que suspiraba con las baladas de Laura Pausini.
Hoy ya no es la intérprete conocida solo en el ambiente folclórico, sino una cantante que intenta abrirse paso en el difícil mercado nacional e internacional con su propuesta, y por ello es que le encargó el video de “Tusuy Kusun” a Percy Céspedes, el director de los videoclips de Líbido, Zen y Pedro Suárez-Vértiz.
En unas semanas Damaris nuevamente vuelve a cruzar nuestras fronteras, ya que su disco “Mil caminos” –en el que está “Tusuy Kusun” y otras once composiciones– ha sido nominado a los Grammy Latino en la categoría de mejor álbum de folclore, y ella estará presente en la ceremonia. A pesar de todos estos logros, su música no se escucha aún en las emisoras radiales más populares del país, ya sea por sordera, indiferencia o simple ignorancia. Pero Damaris no se achica.
“Si uno es honesto con lo que hace hay que salir adelante y no dejarse intimidar. Y eso es lo estoy haciendo”, dice.
Buscando una señal – Concierto. Con Miky González, Lucho Quequezana y Saywa, su madre
Damaris recuerda que cuando cumplió seis años, su madre le hizo un regalo que la marcaría de por vida. “Me regaló un charango. Al tenerlo entre mis manos yo solo quería arrancarle melodías. No era un juguete, fue algo muy valioso que me marcó”. Poco después aprendió a dominar aquel charanguito, pero al descubrirse habilidosa para la música quiso aprender a tocar otros instrumentos.
Desfilaron entonces por sus manos la guitarra, el piano, la flauta y la quena. Curiosamente, Damaris no era de aquellas niñas que salían en todas las actuaciones del colegio a bailar y cantar, más bien era tímida y no hacía gala de su talento ante el público.
“Lo que a mí me interesaba era conocer el mundo de cada uno de esos instrumentos, y quería aprender a expresarme a través de ellos”, dice. Al cumplir los doce años escribió su primera canción. No recuerda ya la letra, pero sí que era de amor. Pero la que sería oficialmente su primera composición fue un tema que hizo para su madre llamado “Siempre juntas”. “Creo que en ese momento supe que a lo que quería dedicarme era la música”, dice.
A los catorce años, cuando cursaba el cuarto año de secundaria en el Colegio Elvira García y García, y animada por unas amigas, participó en un concurso de canto en la televisión y lo ganó, interpretando una canción de su adorada Laura Pausini.
“Ganar ese concurso fue una revelación para mí. Al año siguiente, cuando ya tenía quince, participé en el Pepsi Chart, y también lo gané, aunque esta vez fue con una composición mía, ‘Por qué no estás aquí’”. Fue entonces que la quinceañera Damaris decide incursionar de manera profesional en la música y en el género que ella conocía bien, el folclore.
“Es un mundo aparte. Muy especial. Pero aun así decidí que me iba a parar en el escenario sin polleras y cantando temas que no eran música andina pura, sino una fusión con la balada, que era lo que a mí me gustaba. Felizmente me recibieron muy bien”. Damaris grabó su primer disco a los 16 años: “Dame una señal”. Un disco de canciones tiernas que le permitieron mostrar su peculiar estilo. Y allí están como testigos los videos –que circulan tanto en el circuito folclórico como en YouTube– que hizo de cada una de las diez canciones del álbum, en los que se ve a una adolescente de pelo suelto, vestida con jeans y siempre ataviada con un poncho o un chaleco con motivos andinos.
Ese era el look de la debutante Damaris. Cuando ya se estaba ganando un lugar en el ambiente del folclore, Damaris ingresa a estudiar al Teatro de la Universidad Católica, y entonces su carrera hace una pausa. “Mucha gente me preguntaba qué estaba haciendo, por qué ya no cantaba. Yo les decía que estaba trabajando en mi nuevo disco”. Apoyada por el arreglista y compositor Martín Venegas, Damaris se concentró en su nueva producción. Entre los estudios de teatro y la grabación de su disco, la vida de Damaris se hizo muy complicada. Pero el esfuerzo valió la pena.
Hacia finales del año pasado vio la luz “Mil caminos”, y fue precisamente de ese disco que salió “Tusuy Kusun” (Bailemos, en español). Lo que vino luego es historia conocida.
Orgullosa de sus raíces
Image
Esfuerzo. Las gaviotas de Viña del Mar marcan un giro de 180 grados en la vida de Damaris. El próximo año volverá al famoso festival, para participar en la edición por su cincuenta aniversario. “Tusuy kusun” es una de las canciones invitadas al evento.
Damaris poco a poco se empieza a alejar del circuito de la música andina, y no necesariamente porque reniegue de sus orígenes. “Es como que se rompe la capsulita en la que estuviste, y descubres que hay mucho más allá de lo que conocías”, dice la cantante,y en ese descubrimiento se ha acercado a músicos como Miky González, que curiosamente dejó el pop y el rock para dedicarse a lo que globalmente se conoce como world music.
Él fue uno de los primeros artistas consagrados que la acompañó en su primer concierto después del éxito en Chile, en abril pasado, y con quien ahora está trabajando en una versión de “Martín y su mula”, composición de Chabuca Granda, que formará parte de un disco que diversos artistas peruanos están haciendo como homenaje a la inmortal autora de la “Flor de la canela”. Damaris lo que quiere ahora es empezar a componer las canciones de su tercer disco, pero eso será a su vuelta de la ceremonia de los Grammy, que se realizará el próximo 13 de noviembre en la ciudad de Houston, Texas.
“Si gano, bacán; si no, no pasa nada. Estar nominado, aunque suene a cliché, ya es bastante, pero el mundo no se acaba allí”. Y esto resume lo que Damaris ha conseguido hasta el momento.
“No considero que ‘ya la hice’, pero he logrado mucho. Que haya decidido empezar a hacer mi música no quiere decir que reniegue de mis raíces sino que emprendo mi propio camino. Es importante que haya músicos que cultiven la pureza de la música andina, pero hay otros a los que nos toca vincularnos con el mundo. Yo siempre he tratado de comunicarme, y creo que he encontrado el idioma que puede ser entendible para el mundo”. Y el idioma que habla Damaris es uno que remueve las fibras del alma, y que se acompaña con quenas, charangos y guitarras eléctricas.
Retrato de familia
-
Telúrica. En escena fluye la energía de sus raíces andinas.
Damaris nació en la Incontrastable ciudad de Huancayo, donde vivió hasta los seis años bajo la tutela de sus abuelos, Víctor y Daría. Allí aprendió a amar el olor de la leña y de la tierra húmeda que queda después de la lluvia. A los siete años, la familia se trasladó a Lima, y en la gran ciudad la pequeña Damaris bebió aun más de la música que hacía Saywa, su madre. “El folclore es lo que más calidad artística requiere. Exige dedicación, profesionalismo, y eso me lo enseñó mi mamá”. Tiene dos hermanos más pequeños. Sebastián, de diez años, y Tarij, de dos.
Se han desactivado los comentarios a este artículo.
Artículo previo:
La voz del Jilguero
Artículo siguiente:
Miriam Makeba, Mamá África




esa musica me encanto,esta chevere
— marjorie 14 noviembre 2008, 20:56 #